Mantener los niveles de CO2 dentro del invernadero afecta en la rentabilidad del cultivo. En este vídeo explicamos cómo hacerlo tanto en las épocas de primavera-verano como de otoño-invierno.

El CO2 en agricultura

El dióxido de carbono es fundamental para la planta, pues lo necesita para realizar el proceso de la fotosíntesis. Las plantas son capaces de transformar el CO2 en compuestos alimentarios como la glucosa a través de una serie de procesos conocidos como el Ciclo de Calvin, que está compuesto por distintas etapas, empezando por la carboxilación (fijación del CO2), continuando por su reducción al nivel de un azúcar y terminando por la regeneración. Como hemos explicado en el vídeo, el dióxido de carbono puede obtenerse mediante la renovación del aire, pero también mediante inyecciones de CO2. A este proceso se le conoce como fertilización carbónica.

La fertilización carbónica en invernaderos

En un invernadero, en los meses de primavera y verano se abren las ventanas durante muchas horas para realizar la ventilación, y de este modo, no es necesario inyectar el dióxido de carbono. En cambio, durante el otoño y el invierno abrir las ventanas supone una pérdida del calor del invernadero, por lo que se abren menos tiempo las ventanas para ventilar. Es durante esta época del año cuando se recurre a la fertilización carbónica en el invernadero.

En el vídeo hemos explicado que en nuestro invernadero tenemos un depósito con dióxido de carbono licuado proveniente de un generador de CO2 para invernaderos, el cual se vaporiza y se distribuye por unas tuberías en estado gaseoso. Estas tuberías se encuentran instaladas debajo de las canales de cultivo. El CO2 se reparte de una forma homogénea gracias a que se utilizan goteros auto compensantes a lo largo de las tuberías.

Cómo realizar la estrategia de fertilización carbónica en el invernadero

Es importante que la cantidad de CO2 en el invernadero sea la suficiente para las plantas, pero también buscando un equilibrio entre la producción y la rentabilidad. Algunos estudios defienden que la cantidad adecuada de dióxido de carbono es de unos 1000 ppm (partes por millón), pero según las pruebas que nosotros hemos hecho buscando ese equilibrio sitúa el punto óptimo en 550ppm. Esto se debe a que inyectar más cantidad de CO2 tiene un coste económico, por lo que, aunque esa concentración de dióxido de carbono aumente la producción, no la aumenta tanto como para sufragar el coste de esa cantidad de fertilización carbónica. Hay que tener en cuenta que esto se realiza, como hemos dicho, en los meses de otoño e invierno, pues con las ventanas abiertas este CO2 escaparía a la atmósfera, lo cual sería muy contaminante.

Beneficios de la fertilización carbónica

Entre los beneficios más destacados de utilizar esta técnica en nuestra estrategia de cultivo de tomates en invernadero, encontramos:

  • Crecimiento del fruto más rápido
  • Precocidad de la cosecha
  • Mayor calibre de los tomates
  • Mayor producción
  • ROI (retorno de la inversión) más rápido

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